Sunday, 9 February 2014

La crisis española TAGUAS 'entre todos la mataron y ella sola se murió... de la gripe aviar ¡cuánto buitre!


David Taguas repasa en su libro "Cuatro bodas y un funeral" la situación económica española y expone sus propuestas para conseguir una rápida recuperación:
            1.- reducir el gasto público cinco puntos de PIB,
            2.- bajar impuestos,
            3.- reformar la Administración e
            4.- impulsar políticas de competencia

CAPÍTULO 3
Las cinco fases de la crisis
Conclusiones

La crisis actual no ha supuesto un proceso homogéneo para las economías y muy en particular para la economía española. En la primera fase, que se desarrolló entre agosto de 2007 y septiembre de 2008, los interrogantes se centraron en la naturaleza y magnitud de la crisis, así como en su carácter local o global. No obstante, a medida que iba avanzando 2008 se intensificaban y se extendían los efectos de la crisis. Después de los rescates de Merrill Lynch y de la aseguradora AIG y, sobre todo, tras la quiebra de Lehman Brothers, la crisis adquirió definitivamente un carácter global, se desplomaron las expectativas sobre la actividad y la atención pasó a centrarse en la intervención pública en unos mercados que estaban secos de liquidez.

En la economía española, las cuentas públicas se deterioraron intensamente durante esta primera fase de la crisis. El superávit público empeoró en 4,9 puntos del PIB en solo cuatro trimestres, desde el 2,7% del PIB a un déficit del –2,2% del PIB en septiembre de 2008. Ello fue consecuencia de la drástica caída de los ingresos impositivos, que explicó más de la mitad de la reducción del saldo público, y también del incremento del gasto público, fuertemente empujado por las prestaciones sociales y el consumo público. La tasa de desempleo aumentó 3,3 puntos en cuatro trimestres, al ritmo de 0,8 puntos al trimestre. Esta primera fase se caracterizó por la fuerte caída de los ingresos públicos.

En la segunda fase de la crisis, que se desarrolló entre septiembre de 2008 y marzo de 2010, con una duración de seis trimestres, en las principales economías se aplicaron políticas fiscales expansivas y planes para abordar los problemas de los sistemas financieros. Estas políticas impulsaron la recuperación global que fue un hecho tras el verano de 2009. Pero el inicio de la recuperación hizo que los interrogantes cambiaran en el otoño de 2009. La atención se centró entonces en la sostenibilidad de las políticas fiscales que habían desempeñado un papel relevante para impulsar la recuperación económica. Otros focos de atención eran la situación de los sistemas financieros y los daños que había sufrido la capacidad de crecimiento de las economías.

En esta segunda fase continuó el deterioro de las cuentas públicas en la economía española. El déficit público español aumentó espectacularmente 9,1 puntos del PIB, alcanzando el máximo del 11,2% en marzo de 2010. En esta fase destacó el fuerte incremento de las prestaciones sociales, que aumentaron 2,7 puntos del PIB. El desempleo continuó su fuerte ascenso, en seis trimestres, 8,7 puntos, aumentando al ritmo promedio de 1,5 puntos al trimestre, alcanzando ya en el primer trimestre de 2010 la cota del 20,05%.

El inicio de 2010 focalizó la atención en la sostenibilidad de la deuda en las economías europeas y, en particular, en las economías periféricas que habían empeorado considerablemente sus cuentas públicas con los consiguientes aumentos de deuda pública. Ello desencadenó la intervención de Grecia y la crisis de deuda en la primavera.

La crisis de deuda de la primavera de 2010 dio comienzo a la tercera fase de la crisis. Durante la misma, entre marzo de 2010 y diciembre de 2011, la economía española puso en marcha el primer proceso de consolidación fiscal, además de impulsar la reforma constitucional de agosto de 2011. Este primer proceso de consolidación fiscal redujo el déficit público en 2,1 puntos del PIB, que descienden a 1,7 puntos si no se tienen en cuenta las ayudas a las instituciones financieras que supusieron en 2011 0,5 puntos del PIB. Pero la consolidación fiscal no fue virtuosa, se basó demasiado en el incremento de los impuestos y en la reducción del gasto en inversión y muy poco en la reducción del gasto no productivo, a pesar de que se congelaron las pensiones, excepto las mínimas, e incluso se redujeron los salarios de los funcionarios públicos.

No obstante, durante esta tercera fase de la crisis se produjeron dos hechos de gran relevancia. La reforma constitucional de agosto de 2011 supuso un compromiso con el equilibrio presupuestario que constituyó una señal inequívoca para las instituciones y los mercados financieros. Y la reducción del salario de los funcionarios públicos junto con las dos reformas laborales, de 2010 y 2011, y la primera reforma de las pensiones de 2011 consiguieron quebrar la espiral inflacionista de salarios que se había producido durante las dos primeras fases de la crisis. El 'efecto demostración' de los salarios públicos fue determinante en este proceso.

La cuarta fase de la crisis comenzó con la nueva desaceleración de la actividad que se fue intensificando durante la segunda parte de 2011, después de la intervención de la economía portuguesa y de las tensiones financieras del final de la primavera y del verano. Esta cuarta fase se desarrolla desde entonces, y en la economía española coincidió con el cambio de Gobierno tras las elecciones de noviembre de 2011. Desde diciembre de 2011 se puso en marcha el segundo proceso de consolidación fiscal de la economía española. 

A pesar de ello, en septiembre de 2013 el déficit público aumentó en 0,7 puntos hasta alcanzar el 10,3% del PIB. Pero fue debido en parte a las ayudas a las instituciones financieras asociadas al rescate del sector financiero de 2012, que ascendieron a 3,3 puntos del PIB en septiembre de 2013. Si se eliminan estas, el déficit se redujo entre diciembre de 2011 y junio de 2013 en 2 puntos hasta el 7,1% del PIB. Además, si se eliminan todas las medidas one-off [las que se producen una sola vez], el déficit público se situó en septiembre de 2013 en el 8,1% del PIB, lo que compromete seriamente el cumplimiento del objetivo de déficit del 6,5% en diciembre de 2013.

La consecuencia es que a pesar de los dos procesos de consolidación fiscal emprendidos durante los últimos tres años, la economía española sigue presentando un déficit público de doble dígito en septiembre de 2013, que asciende al 10,3% del PIB. Si se eliminan los efectos de las medidas temporales, el déficit se sitúa en el 8,1% del PIB, por lo que no es posible descartar un nuevo incumplimiento del objetivo a finales de 2013. Y ello a pesar de la significativa relajación del objetivo de déficit de la primavera de 2013.

http://economia.elpais.com/economia/2014/02/07/actualidad/1391777561_749364.html 


Roban datos de miles de clientes del banco Barclays Bank



Cuidado si eres cliente del Banco Azul.

En Gran Bretaña ha comenzado la investigación sobre el robo de datos personales de varios miles de clientes del banco Barclays, que es uno de los más grandes en el país y en el mundo.

Acerca de los datos robados se ha sabido gracias a una fuente anónima que proporcionó, en calidad de prueba, un lápiz de memoria con información sobre dos mil personas.

Los datos de los clientes incluyen la información sobre las finanzas, la salud financiera, el comportamiento en situaciones de riesgo, número de seguro social y datos del pasaporte. En total, según la fuente, fue robada la información sobre veintisiete mil clientes del Barclays, que luego ha podido ser vendida.


Híbridos de humanos y animales: catástrofe de nuestros días


Científicos de diferentes países crean raros híbridos de personas y animales, que pueden sembrar pánico en la sociedad.

Tan solo en los últimos diez años el progreso en la ingeniería genética dejó atónitos a científicos y a la gente común.
Hoy la creación de nuevas formas de vida está al alcance incluso de estudiantes en su propio hogar. Lamentablemente, las leyes van a la zaga de los juegos de los científicos.
Por otra parte, estas nuevas formas de vida no son ilegales, pero pueden representar un peligro para la sociedad. Es imposible predecir qué pasará en caso de que comiencen a reproducirse. Pero científicos de todo el mundo solo esperan mostrar su nueva creación al mundo, mostrar aquello que no hace mucho parecía absolutamente una fantasía.
En calidad de ejemplo se puede citar lo siguiente: científicos han creado ratones con cromosoma artificial humano. Esto se considera un avance, que puede derivar en nuevas formas de tratamiento de toda una serie de enfermedades. De acuerdo con Lifenews.com, científicos de la Universidad de Wisconsin lograron un gran éxito en el trasplante de células de embrión humano en el cerebro de ratones. Las células empezaron a crecer y con el tiempo los roedores se volvieron más inteligentes. Estos ratones pueden salir de un laberinto y aprender señales convencionales mucho más rápido que antes del trasplante.
Cabe preguntarse: ¿esta práctica de transplante de tejidos humanos a animales genera más beneficios que riesgos? Ya es evidente que el cultivo de órganos humanos en animales no es ninguna ciencia ficción, sino toda una realidad. Científicos japoneses empezaron a cultivar órganos humanos en cerditos, para lo cual se necesita cerca de un año.
Según Infowars.com, el objetivo principal en este caso es aumentar la cantidad de órganos con fines médicos. Pero el Gobierno nipón se plantea otras tareas: está preparando una disposición que permitirá realizar investigaciones relacionadas con embriones.
Thetruthwins.com indica que si un órgano humano empieza a desarrollarse en un cerdito, esto ya no será un cerdito al 100 %, mientras que ese órgano tampoco será un 100% humano. Los receptores de esos órganos deberán aceptar la introducción de órganos híbridos de humano y animal en su organismo.

Ya mismo y en el futuro también las consecuencias de la creación de híbridos pueden amenazar a la sociedad. Pero el peligro reside en la imposibilidad de prever las consecuencias de la pérdida del control de semejantes híbridos.
Aún más alarmante es el hecho de que la mayoría de los países no tienen leyes restrictivas de la creación de tales seres, lo que permite producirlos de forma incontrolada. Es más, no se prevé ningún castigo en caso de que este ser animal cause daño al entorno.

Existe la opinión de que los animales que se utilizan para el cultivo de órganos humanos son una vía más hacia la destrucción de la naturaleza. En 2011 Daily Mail informó sobre científicos británicos que crearon más de ciento cincuenta embriones híbridos de humano y animal, pero la noticia no inquietó a los lectores.
Otros ejemplos fueron citados en la revista Slate: cabras que producen leche humana, estructura anatómica anal implantada en un ratón, y un doctor que crea el sistema inmunitario humano para animales. De todos modos, estos son tan solo los proyectos de que tenemos conocimiento. Es posible que existan otros que desconocemos. El híbrido de humano y animal es posible, pero la discusión sobre si prevalecerán los beneficios o los riesgos potenciales continúan.


Saturday, 8 February 2014

El euro y la izquierda


Ulrick Beck dice “vivimos la tragedia de estar en momentos revolucionarios, sin revolución y sin sujeto revolucionario”.

Dentro de la izquierda hay un debate sobre el euro, pues hay una duda hamletiana ¿seguir o salirnos del euro? Veamos

Por un lado, hay un sector de la izquierda que piensa que se puede cambiar la Unión Europea con su estructura actual. Por el otro lado, otro sector de la izquierda, los que plantean la salida del euro, porque entienden que esta Europa es imposible de transformar y los neoliberales que la diseñaron lo hicieron muy bien, dejando como muy difícil cualquier cambio.

Aunque la Comisión Europea fuera de izquierdas, ésta tendría que aplicar el Tratado de Lisboa, que es el tótem neoliberal europeo. Gran parte de la izquierda española y europea, siguen soñando con el estado del bienestar, sin darse cuenta que ya está desapareciendo y debemos ser radicales en las medidas a tomar, para que esto no acabe sucediendo.

La izquierda ha visto a Europa como una referencia en su lucha constante para alcanzar la democracia y el bienestar social. Esto explica la persistencia de permanecer en ella aunque con unos costes increíbles en su estado del bienestar y en las instituciones democráticas. Nunca un país había sido sometido a políticas tan nefastas de austeridad de gasto público y de deterioro laboral, en contra de la opinión del pueblo. La bajada de salarios que se ha producido en España no se ha visto nunca en los tiempos modernos en un país desarrollado. 

Hoy es imposible cambiar el sistema europeo actual, poco a poco y sin pausa desmonta la ya poca Europa social existente sino también el sentimiento europeísta basado en la fraternidad entre los pueblos.

Debemos tener claro que dentro del marco del euro no es posible realizar políticas transformadoras que beneficien a las clases populares. No hay margen alguno para la política, estando secuestrado todo el marco institucional, careciendo de cualquier tipo de proyecto de construcción de una política de integración real de Europa.

Mario Draghi, actual presidente del BCE en unas declaraciones a The Wall Street Journal reconoció, que la Europa social había terminado, que no era sostenible. Esto se ha ido confirmando, pues los estados de bienestar y la calidad de vida ha ido descendiendo sin cesar. 

Como vemos diariamente todas las políticas que se realizan, están encaminadas a conservar los intereses de las élites europeas y en contra del bienestar de las clases populares. En resumen el euro es la síntesis más cruda y acabada del capitalismo neoliberal. La clase política tanto nacional como europea se han subordinado al proyecto neoliberal, restringiendo los márgenes para cualquier tipo de reforma, que no actué en su beneficio.
 
Consecuencia de esta política neoliberal europea, la eurozona se ha consolidado como un espacio económico asimétrico de acumulación de capitales en el que las economías periféricas, como la de España se verán condenadas a largos periodos sin crecimientos posibles

Las políticas de austeridad desarrolladas por las élites europeas demuestran la hegemonía respecto al mundo del trabajo, que ha permitido romper el pacto implícito con el que se había creado el estado del bienestar. 

Como podemos comprobar un día sí y otro también, la eurozona no avanza en un proyecto político federal y se mantiene en el terreno monetario, que junto a la libertad de capitales, bienes y servicio configuran un gran mercado que permite una mayor reproducción de capitales, facilitando la dominación de unos Estados a otros, sobre la base de la aparente neutralidad, que se le atribuye a los mercados. 

¿Qué habría que hacer?

Hasta que la salida del euro por parte de algún país no sea percibida como un problema real, no habrá solución para los países de la periferia, para que se recompongan sus economías. Mientras nos atenace el miedo de romper las cadenas del euro por no saber qué sucederá, no se avanzará. En otro momento histórico, después de la Gran Depresión de 1929, estábamos en una situación parecida, pues no se sabía que ocurriría cuando se rompiera con el patrón oro. Al final, se rompió y se salió hacia un futuro mejor.

Mientras esa parte de la izquierda no rompa con ese miedo de romper el euro, provocará que estemos inmersos en un largo periodo de sufrimiento social y económico para la inmensa mayoría de los españoles. Nos están llevando en estos momentos hacia la deflación con escaso crecimiento económico, y apoyando las elites al capital más parasitario. 

Trabajar en la creación de un gran bloque político social en el sur de Europa a partir de los partidos de izquierda y de las organizaciones que se opongan al neoliberalismo. Con un programa muy claro, por un lado hacer que el BCE se restructure totalmente y que desempeñe el papel que hacen los bancos centrales en otros países donde no se preocupe exclusivamente de la inflación y de los beneficios de las entidades financieras, sino que tenga como base de actuación el desarrollo de los distintos Estados que conforma Europa, haciendo que luche activamente contra el paro. 

Por otro lado diseñemos un nuevo proyecto de Europa totalmente diferente del actual, donde el hombre sea el motor hegemónico y no las finanzas como ahora. Esto es lo que hace imposible seguir con al actual Europa. Trabajemos por una Europa social, cultural, federal y democrática basada en los principios de libertad e igualdad.
 
Aquellos que desde la izquierda española se oponen a salir del euro, no nos proponen a cambio que política desarrollar. Como vemos, con la actual arquitectura institucional de la neoliberal Europa, es imposible que se cambie, condenando a España a un desempleo y precariedad por muchísimos años. Si se oponen a salir del euro, nos deberían explicar cómo resolver políticamente el desempleo y el gran descenso de los salarios en España, no con medidas teóricas sino con medidas reales. Por lo menos, pongámonos de acuerdo en amenazar con una salida real del euro si no se producen cambios y realizarlo si no se avienen a ello. Esto es lo mínimo que la izquierda española y del sur de Europa debería hacer. 

06-Feb-2014

 

Entrevista a Jacques Sapir: El problema de Francia es el Euro



ENTREVISTA A JACQUES SAPIR, INVESTIGADOR DE LA ESCUELA EN ALTOS ESTUDIOS EN CIENCIAS SOCIALES (2 de Febrero, 2014)

“El problema de Francia es el euro"

Sapir atribuye el estancamiento de los países del sur europeo, incluida Francia, a la existencia de la moneda única. Plantea que terminar con esa experiencia no acabaría con la Unión Europea, que existió 41 años antes sin el euro.


Las últimas noticias provenientes del gobierno francés lo ubican lejos de la historia del Partido Socialista y cerca de las políticas de ajuste propias de los gobiernos neoliberales. Para entender la situación económica actual de Francia, entrevistamos a Jacques Sapir, investigador de la Escuela en Altos Estudios en Ciencias Sociales (Ehess-Paris), doctor en Economía y director del CEMI (Centro de Estudios en Modos de Industrialización).


Sapir es una de las voces críticas al euro más escuchadas del momento, y en sus últimos libros, La demondialisation y Comment sortir de l’Euro (Cómo salir del euro) realiza duros cuestionamientos al neoliberalismo, tanto a nivel mundial como dentro de la Unión Europea. Desde una posición cercana políticamente al Parti de Gauche y su líder Jean-Luc Mélenchon, la solución que propone para Francia es una salida del euro y una devaluación de la moneda para lograr volver al pleno empleo y la reindustrialización.

¿Cuál es el contexto francés que explica las últimas declaraciones del presidente François Hollande?
 
–El presidente se encuentra hoy en una situación difícil. Su autoridad se ve erosionada por la ineficacia de la política económica llevada adelante desde junio de 2012. Había prometido “dar vuelta la curva del desempleo” antes de fin de 2013. En los hechos, el desempleo sigue creciendo, y según la forma de calcularlo hoy existen 3,2 millones o 5,5 millones de desempleados.

Coincide con un proceso de desindustrialización. 

–La desindustrialización que conoce la economía francesa se está tornando muy preocupante. El crecimiento que se anunció nunca llegó. En verdad, numerosos economistas habían criticado desde el otoño de 2012 la política económica del gobierno y las previsiones optimistas del Ministerio de Economía y Finanzas. Por desgracia, esos economistas tuvieron razón. Pero a ese fracaso económico se sumaron otros factores que pesan sobre su autoridad, y hasta en la legitimidad, del gobierno y del presidente. En primer lugar, se dio la sensación de una falta de profesionalismo sobre muchos temas sensibles. En otras ocasiones, el gobierno dio marcha atrás sobre promesas de campaña. Por último, como es de público conocimiento, la vida privada del presidente está lejos de ser prolija. Por lo tanto, el presidente y el primer ministro llegaron a los anuncios del 14 de enero con una popularidad por el piso. 

¿Qué consecuencias podría traer el “pacto de responsabilidad” presentado sobre la economía francesa?


–Tal como fue presentado, el “pacto de responsabilidad” consiste en una negociación con el empresariado, por el cual se disminuyen las cargas de las empresas (10 mil millones anuales entre 2014 y 2017) a cambio de crear 200.000 empleos. Pero ese “pacto” deja muchas preguntas sin respuestas. La primera remite al análisis de la situación de las empresas francesas. Los estudios del Insee (Instituto de Estadísticas de Francia) muestran que las rentabilidades no bajaron. Los problemas tienen más que ver con la competencia extranjera. La segunda pregunta es la realidad del compromiso de emplear 200.000 personas a cambio de la reducción de las cargas sociales. Además del hecho de que 200.000 empleos es demasiado poco (el propio ministro Montebourg habla de la necesidad de crear 2 millones de empleos), nada indica que las empresas cumplan con su parte. Una tercera pregunta es saber de qué manera se financiará esa reducción de cargas sociales. El presidente habló de ahorros en los gastos públicos, pero fuera de unos recortes en las inversiones públicas o en las prestaciones sociales, las posibilidades de ahorro son escasas y azarosas. Eso nos lleva a una cuarta pregunta: ¿esas reducciones de cargas fiscales no tienen riesgos de iniciar un proceso donde las empresas van a aprovechar para ejercer todavía más presión sobre los salarios y entrar en un círculo deflacionario?


¿Cuáles son las alternativas de política económica para que Francia salga de la crisis económica? 

–El problema principal de los países del sur de Europa, y de Francia en particular, es la existencia misma del euro. Ese problema es evidente en los intercambios con los países extrazona. Desde su creación, el euro se apreció fuertemente frente al dólar, pero también frente al yen japonés y la libra esterlina, con efectos devastadores sobre los países del sur de Europa. Esta situación la están entendiendo cada vez más actores, incluido parte del gobierno francés. Pero el efecto nefasto del euro se hace también sentir en el comercio intrazona. Desde la creación del euro en 1999, constatamos que las tasas de inflación de los distintos países fueron diferentes, como antes, pero ahora con una política monetaria única. Eso revela la existencia de una inflación estructural, dependiendo de las estructuras económicas de cada país. La diferencia entre las tasas de inflación de Alemania y los países de Europa del Sur llevaron a diferenciales de competitividad de 20 a 40 por ciento según los países. De allí resulta que los productos alemanes se volvieron cada vez más competitivos en el mercado francés, pero también italiano, español, griego o portugués. En condiciones normales, esa diferencia entre las tasas de inflación estructural se corregía mediante devaluaciones periódicas (o revaluaciones del país donde la inflación estructural es la más baja). Pero ese mecanismo ya no puede funcionar por la existencia de la moneda única.

¿Una salida del euro por parte de Francia significaría el fin de la Unión Europea?
 


–Es uno de los argumentos que se escuchan por parte de los que abogan a favor del euro. Pero en realidad hay países importantes, como Gran Bretaña y Suecia, que son miembros de la Unión Europea, pero no de la Zona Euro. La Unión Europea existió antes de la puesta en marcha del euro y si el euro desaparece la Unión Europea seguirá existiendo. Es más: desde la entrada en vigencia del Tratado de Roma y de la Comunidad Económica Europea, vivimos de 1958 a 1999, o sea 41 años, con nuestras propias monedas y construimos la integración europea durante ese período. Nada justifica entonces esa afirmación según la cual el fin del euro sería el fin de la Unión Europea. 

El eje de discusión en Francia es entre euroescépticos y proeuro-
peos, desplazando incluso el eje tradicional entre derecha e izquierda. ¿Cómo explicarlo? 

–Sí, es indiscutible que hoy el eje de discusión principal, por lo menos en Francia y en Italia, es la cuestión de Europa y más especialmente sobre la del euro, más que las oposiciones tradicionales entre izquierda y derecha. Y es así porque la situación económica y social está dominada por el euro. En verdad, lo que provoca la crisis económica, y que lleva al desmantelamiento progresivo de las conquistas sociales logradas desde 1945, es una parte de la reglamentación europea y sobre todo la existencia del euro. Vemos, en particular en Francia y en Italia, la constitución de un bloque político alrededor de la oligarquía dominante que defiende a cualquier costo el euro y las políticas más reaccionarias de la Unión Europea, mientras que se constituye progresivamente pero en condiciones políticas particulares, otro bloque representando los trabajadores y las clases populares que está fuertemente opuesta al euro.

¿Existen diferencias entre países?

–Los resultados económicos de los países de la Unión Europea son muy divergentes. Algunos tienen excelentes resultados, como Gran Bretaña y Suecia. Y, ¡qué casualidad! Esos países no son parte del euro. Por otro lado, dentro de la Zona Euro, constatamos que el crecimiento es débil, e incluso que algunos países, como España, Grecia, Portugal e Italia, están en recesión. Las divergencias en cuanto a resultados son notables. Pero resulta claro que el euro pesa y mucho en el resultado de gran cantidad de países.

¿Qué lecciones se pueden extraer de la crisis del euro para otros procesos de integración regional?


–La crisis del euro indica claramente que no se deben realizar uniones monetarias en cualquier circunstancia. Las estructuras económicas de los países que serán miembros deben ser convergentes, lo que no es el caso en Europa, y debe existir un importante presupuesto asegurando flujos de transferencia entre los países miembros. Construir una unión monetaria implica respetar estrictamente ciertas condiciones. Si no se las respeta, entonces nos encontramos con los problemas a los cuales la Zona Euro se encuentra hoy enfrentada.

En su libro 'La demundialización' usted hace una crítica de la globalización neoliberal. ¿Qué perspectivas existen para esa etapa del capitalismo?


–La globalización recubre en realidad dos procesos: por una parte la globalización comercial y por otra la financiera. Vimos los aspectos extremadamente perversos de la globalización financiera; y numerosos estudios mostraron que la libre circulación de los capitales de corto plazo tuvo más efectos negativos que positivos. En cuanto a la globalización comercial, ella es más aceptable, pero a condición de que eso no conlleve un desmantelamiento progresivo de las conquistas sociales y que no impida el desarrollo económico de los países que calificamos hoy de emergentes. Para eso hay que pensar en sistemas de derechos de aduana que igualen las situaciones sociales y ecológicas, pero también que protejan las industrias nacientes. Queda claro que las instituciones actuales, y en particular la OMC, con su prioridad otorgada al libre comercio, quedarán en desuso. Por lo que es de la globalización financiera, se debería prohibir una parte de las operaciones y limitar estrictamente la circulación de los capitales salvo los que implican inversión extranjera directa.


Friday, 16 August 2013

Para que lo entendamos: como la luz depende de la magnitud aplicada por la fuerza electromagnética y la fuerza de la gravedad y/o centro de atracción





Las guerras árabes de religión

Shlomo Ben Ami

El País


TRIBUNA
El conflicto entre islam y laicismo está lastrando los cambios en Oriente Próximo.

En todo el mundo árabe está produciéndose ahora una lucha entre dos importantes fuerzas históricas: la religión y el laicismo. Es el tipo de batalla entre César y Dios que Europa tardó siglos en dilucidar. El futuro del Oriente Próximo árabe se decidirá en la lucha entre los insurgentes suníes de Siria, apoyados en toda la región por los wahabíes saudíes, patrocinadores del fundamentalismo religioso, y su régimen laico Baas, entre el fundamentalista Hamás y la laica OLP en Palestina y entre la joven oposición laica de Egipto, forjada en las protestas de la plaza de Tahrir, y los Hermanos Musulmanes y los radicales salafistas.

Hasta ahora, las rebeliones árabes han confirmado la tesis de que, dada la estructura de la mayoría de las sociedades árabes, el derrocamiento de las autocracias laicas significa automáticamente abrir la puerta a las democracias islámicas. Ya vimos el desarrollo de esa dinámica en Argelia, con la victoria a comienzos del decenio de 1990 del Frente Islámico de Salvación en la primera vuelta de unas elecciones parlamentarias (que provocó la anulación de la segunda vuelta), la victoria electoral de Hamás en Palestina en 2006 y, más recientemente, el ascenso democrático al poder de los Hermanos Musulmanes en Egipto.

Tanto en Argelia como en Egipto, las fuerzas laicas no pudieron frenar el ascenso político del islam, que solo se pudo interrumpir con la toma del poder por parte del Ejército. El golpe militar argelino dio paso posteriormente a una sangrienta guerra civil que se cobró unas 200.000 vidas.

Las consecuencias del golpe egipcio se están materializando estos días de la manera más dramática. Aun así, la horrenda masacre de islamistas por parte del ejército golpista y la quema de iglesias de la minoría cristiana de la que se acusa a los Hermanos Musulmanes podrían ser solo el inicio de una conflagración civil aún de mayor alcance si cabe. El acceso al poder de la oposición laica subida a un tanque puede alimentar la ira de los islamistas por muchos años. La pérdida de confianza en el proceso democrático por los Hermanos Musulmanes sería una mala noticia para Egipto y un impulso para Al Qaeda y otros yihadistas que creen que solo se puede conseguir el poder con sangre y terror.

El concepto de separación de la Iglesia y el Estado es ajeno al islam —como indicó la famosa declaración del ex líder supremo iraní el ayatolá Ruholla Jomeini, “el islam es política o no es nada” —y los islamistas aún no han demostrado ser receptivos al gobierno democrático—. De hecho, Mohamed Morsi, el depuesto presidente de Egipto, solo puede culparse a sí mismo de su muerte política. Su comportamiento sectario y autoritario polarizó a su país hasta tal punto, que incluso el jefe del ejército, general Abdelfatah al Sisi, conocido por sus simpatías islamistas, retiró su apoyo al hombre que lo había nombrado.

Asimismo, la reavivación de la guerra civil chií-suní en Irak es en gran medida un reflejo del Gobierno sectario del primer ministro, Nuri al Maliki. Tampoco el ascenso al poder de Hamás en Gaza dio paso a un Gobierno democrático y no excluyente. Después de haber fracasado en su intento de anular la victoria electoral por medios militares, la OLP acordó con sus rivales islamistas un plan de reconciliación nacional, pero ese pacto sigue siendo letra muerta.

En cuanto a Siria, la rebelión contra una de las autocracias más laicas del mundo árabe ha degenerado en una lucha a muerte entre suníes y chiíes que está extendiéndose a otros países de la región. Ahora se ha lanzado una yihad suní contra el régimen Baas y sus aliados chiíes, Irán y Hezbolá. El vecino Libano, con su feroz división suní-chií, ya está viéndose afectado directamente.

La lucha entre la religión y el Estado en el Magreb es menos violenta, pero, aun así, potencialmente explosiva. Túnez, donde comenzó la primavera árabe, está atrapado ahora entre los laicistas y los fundamentalistas religiosos. El partido islamista Ennahda encabeza el Gobierno, pero afronta un grave desafío de los salafistas ultraconservadores de Hizb Ut Tahrir.

En Marruecos, el rey Mohamed VI no ocultó su apoyo al golpe egipcio, pero el partido islamista Justicia y Desarrollo, que encabeza su Gobierno, lo denunció. De hecho, el Istiqlal, partido laico de centro derecha, abandonó el Gobierno a raíz del golpe egipcio y acusó al partido Justicia y Desarrollo, dirigido por el primer ministro, Abdelilah Benkiran, de intentar “egiptizar” a Marruecos monopolizando el poder, como hizo Morsi en Egipto.

Incluso en Turquía, país musulmán no árabe que abriga la ambición de conciliar el islam con la democracia, el acuerdo entre el Gobierno islamista del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, y la clase media urbana para limitar los intentos oficiales de inmiscuirse en la vida de los laicos y obstaculizar sus usos y costumbres está decayendo. Ahora Erdogan promete “reconstruir Turquía” a su autoritaria y religiosa imagen y semejanza.

La marcha árabe hacia la libertad va a ser por fuerza un proceso largo y tortuoso: tal vez la principal prueba geopolítica del siglo XXI. Sin embargo, la batalla entre el laicismo y la religión en el mundo árabe no ha de durar siglos, como ocurrió en Europa, aunque sólo sea porque las generaciones contemporáneas pueden beneficiarse del largo proceso de progreso social y científico que permitió a Occidente preparar el terreno para la democracia moderna, pero la adaptación de ese legado occidental al mundo árabe contemporáneo, sin por ello dejar de recuperar el propio legado medieval de tolerancia y excelencia científica de los árabes, será difícil.

Es de esperar que los derrotados islamistas de Egipto pasen de la política de la venganza a un proceso de examen de conciencia que propicie el reconocimiento de que la democracia no es un juego de suma cero, en el que el ganador se lo lleva todo. De mantenerse, el “centralismo democrático” leninista que Morsi pareció abrazar sería una provocación permanente que instaría a las nuevas generaciones y sus aliados en el viejo aparato estatal a alzarse, aun al precio de una guerra civil.

Shlomo Ben Ami, ex ministro de Asuntos Exteriores de Israel y actual Vicepresidente del Centro Internacional por la Paz de Toledo, es autor de Cicatrices de guerra y heridas de paz. La tragedia árabo-israelí.

... y falta aún un análisis de fundamental trascendencia de la influencia del mundo del petróleo y los paises del Golfo Arabia Saudi, Emiratos, Qatar, Omán. La neutralidad ¿hasta cuándo? de Jordania. De Irán e Iraq, de la energía atómica. Drop y patada a seguir.

 artículo


Tuesday, 13 August 2013

Era el 18 de Mayo 1944, con fuerte temporal de levante...






La carta en la que Orwell explica “1984″

Alberto Sicilia

en Público






Nadie comprendió tan pronto el siglo XX como George Orwell.
Esta semana se ha publicado “George Orwell: A Life in Letters”. El libro contiene una carta fascinante donde Orwell explica la tesis principal de “1984″ que escribiría dos años después. Podéis leerla entera tras estas líneas resumen o en el enlace que anexo.
Me temo que, desgraciadamente, el totalitarismo está creciendo en el mundo.
Hitler pronto desaparecerá, pero sólo a costa de fortalecer a: a) Stalin, b) los millonarios anglo-americanos y c) todo tipo de pequeños “fuhrers” al estilo de De Gaulle.
[…]
En el mundo que veo venir, en el que dos o tres superpoderes controlarán el mundo, 2+2 será igual a 5 si el “fuhrer” de turno así lo desea.
[…]
La mayor parte de la élite intelectual inglesa se opone Hitler, pero sólo a cambio de apoyar a Stalin. La mayoría de ellos apoyan métodos dictatoriales, policías secretas y la sistemática falsificación de la Historia siempre que beneficie “a los nuestros”.
Pero si uno proclama que “todo es por una buena causa” y no reconoce los síntomas siniestros, en realidad sólo está ayudando a fortalecer el totalitarismo.
[…]
Desde que la guerra contra el totalitarismo comenzó en 1936 [Orwell combatió con los republicanos durante la Guerra Civil], creo que nuestra causa es la mejor. Pero para que continúe siendo la mejor, necesitamos una autocrítica constante.
Orwell escribió esta carta desde su casa en el barrio londinense de Mortimer Crescent el 18 de mayo de 1944. Dos semanas después, un misil V-1 alemán destrozaba Mortimer Crescent. Os cuento esto porque siempre me han fascinado los dos primeros párrafos de “The Lion and the Unicorn: Socialism and the English Genius” que escribió tres años antes. (En esa obra Orwell propone una revolución socialista y democrática en Inglaterra en oposición al estalinismo soviético).
Mientras escribo esto, seres humanos muy civilizados vuelan sobre mi cabeza tratando de matarme.

 Como hemos cambiado... para nada. Somos pura anacronía, da lo mismo, lo mismo da: la pobreza está en nuestra mente y en nuestro corazón que son la base de mi ser contigo.



To Noel Willmett
18 May 1944
10a Mortimer Crescent NW 6
Dear Mr Willmett,
Many thanks for your letter. You ask whether totalitarianism, leader-worship etc. are really on the up-grade and instance the fact that they are not apparently growing in this country and the USA.
I must say I believe, or fear, that taking the world as a whole these things are on the increase. Hitler, no doubt, will soon disappear, but only at the expense of strengthening (a) Stalin, (b) the Anglo-American millionaires and (c) all sorts of petty fuhrers° of the type of de Gaulle. All the national movements everywhere, even those that originate in resistance to German domination, seem to take non-democratic forms, to group themselves round some superhuman fuhrer (Hitler, Stalin, Salazar, Franco, Gandhi, De Valera are all varying examples) and to adopt the theory that the end justifies the means. Everywhere the world movement seems to be in the direction of centralised economies which can be made to ‘work’ in an economic sense but which are not democratically organised and which tend to establish a caste system. With this go the horrors of emotional nationalism and a tendency to disbelieve in the existence of objective truth because all the facts have to fit in with the words and prophecies of some infallible fuhrer. Already history has in a sense ceased to exist, ie. there is no such thing as a history of our own times which could be universally accepted, and the exact sciences are endangered as soon as military necessity ceases to keep people up to the mark. Hitler can say that the Jews started the war, and if he survives that will become official history. He can’t say that two and two are five, because for the purposes of, say, ballistics they have to make four. But if the sort of world that I am afraid of arrives, a world of two or three great superstates which are unable to conquer one another, two and two could become five if the fuhrer wished it.1 That, so far as I can see, is the direction in which we are actually moving, though, of course, the process is reversible.
As to the comparative immunity of Britain and the USA. Whatever the pacifists etc. may say, we have not gone totalitarian yet and this is a very hopeful symptom. I believe very deeply, as I explained in my book The Lion and the Unicorn, in the English people and in their capacity to centralise their economy without destroying freedom in doing so. But one must remember that Britain and the USA haven’t been really tried, they haven’t known defeat or severe suffering, and there are some bad symptoms to balance the good ones. To begin with there is the general indifference to the decay of democracy. Do you realise, for instance, that no one in England under 26 now has a vote and that so far as one can see the great mass of people of that age don’t give a damn for this? Secondly there is the fact that the intellectuals are more totalitarian in outlook than the common people. On the whole the English intelligentsia have opposed Hitler, but only at the price of accepting Stalin. Most of them are perfectly ready for dictatorial methods, secret police, systematic falsification of history2 etc. so long as they feel that it is on ‘our’ side. Indeed the statement that we haven’t a Fascist movement in England largely means that the young, at this moment, look for their fuhrer elsewhere. One can’t be sure that that won’t change, nor can one be sure that the common people won’t think ten years hence as the intellectuals do now. I hope 3 they won’t, I even trust they won’t, but if so it will be at the cost of a struggle. If one simply proclaims that all is for the best and doesn’t point to the sinister symptoms, one is merely helping to bring totalitarianism nearer.
You also ask, if I think the world tendency is towards Fascism, why do I support the war. It is a choice of evils—I fancy nearly every war is that. I know enough of British imperialism not to like it, but I would support it against Nazism or Japanese imperialism, as the lesser evil. Similarly I would support the USSR against Germany because I think the USSR cannot altogether escape its past and retains enough of the original ideas of the Revolution to make it a more hopeful phenomenon than Nazi Germany. I think, and have thought ever since the war began, in 1936 or thereabouts, that our cause is the better, but we have to keep on making it the better, which involves constant criticism.

Yours sincerely,
Geo. Orwell