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Tuesday, 25 June 2013

y van...



¿Otra tormenta perfecta?,

Juan Ignacio Crespo,

El País



OPINIÓN
Hace justo un mes comenzó a gestarse una tormenta perfecta. Su primer y espectacular síntoma se produjo el 23 de mayo en la Bolsa de Tokio que, tras subir más de un 70% en seis meses, cayó de repente un 7% en un solo día. Hasta ayer, la gestación de esa tormenta estaba pasando casi desapercibida (¡ni siquiera subía mucho la prima de riesgo de la deuda española!) pero, tras las recientes caídas del Ibex 35, ha empezado a resultar evidente.
Tres focos principales están alimentando su potencia destructiva: la subida de los tipos de interés de largo plazo en todo el mundo; la pérdida de credibilidad de la política monetaria del Banco de Japón; y, finalmente, lo que parece ser un estrangulamiento del crédito en China.
A todo esto hay que añadir un cuarto factor de inestabilidad derivado del primero de los otros tres: la fuerte salida de capitales de los mercados emergentes que hunde sus Bolsas y la cotización de sus monedas. La lógica de esa salida de capitales es sencilla: los tipos de interés tan bajos de los últimos años habían fomentado la inversión en activos con un riesgo más elevado y que pudieran proporcionar una mayor rentabilidad. El cambio de política por la Reserva Federal está provocando una reacción hiperestésica en sentido contrario.
La gravedad de lo que pudiera suceder en China la evoca el paralelismo con lo sucedido en Occidente en los años previos al estallido de la crisis: el crecimiento descontrolado del crédito y el desarrollo hipertrofiado de una llamada “banca en la sombra” y de vehículos fuera del balance de los bancos del tipo de los que llevaron a la quiebra a la gran banca norteamericana en 2008 (eran sociedades de inversión que se financiaban a corto plazo e invertían a largo plazo; quebraron cuando surgieron los primeros problemas para financiarse en los mercados, y arrastraron con ellos a los bancos que los habían promovido).
¿Estallará finalmente esa tormenta perfecta? Aunque la situación es muy complicada y el peligro de una suma vectorial desafortunada de todo lo anterior podría terminar con la quiebra de alguna gran institución financiera internacional (o de algún país emergente) sería muy raro que eso se produjera a estas alturas del ciclo. Pero sí que es probable, en cambio, que la inestabilidad se intensifique en las próximas semanas hasta conseguir que el índice S&P 500 de la Bolsa norteamericana caiga un 20%-25% (hasta ahora solo ha caído un 6%) y el precio de las materias primas retroceda otro tanto. Con el consiguiente impacto sobre una economía mundial que se está desacelerando (sobre todo China) y que pudiera verse, por tanto, abocada a otra recesión global.
Juan Ignacio Crespo es autor del libro Las dos próximas recesiones.

Tanta inestabilidad de mercados, finanzas, gobiernos, emergentes, carruseles... nada es inmune a ésta vorágine que nos rodea e impregna. Cada día estamos acudiendo al Casino Global a ver si nos ha tocado algo, pero nada, ni el reintegro viendo, como muchos, como nuestros ahorros se apocan, encogen, quedan famélicos ante tanto rayo y tanto trueno y yo esperando que mañana el día escampe... nunca llovió que después escampó decían nuestros viejos... sigo esperando, tonto, atónito, sobrepasado ante el cristal de la ventana de mi vida atento a los rayos, a los truenos, al pedrisco ¿tan mala es la naturaleza... humana?

Monday, 24 June 2013

Tengo una corazonada





Despojémonos ya de los financieros,

de Juan Laborda,

vozpopuli.com





OPINIÓN
El ascenso al poder de los financieros, facilitado por los Clinton en la década de 1990, está en la raíz de los graves problemas actuales. Aunque en realidad, y siendo justos, los últimos tres presidentes estadounidenses, incluido el actual, así como la inmensa mayoría de las élites políticas occidentales, constituyen una auténtica vergüenza. Teniendo en cuenta el totalitarismo invertido, término acuñado en 2003 por Sheldom Wolin, en que se han transformado la práctica totalidad de las democracias occidentales, se otea muy poca esperanza en el horizonte, a excepción de algunos puntos de luz aislados en medio de una erosión general sin parangón.
Mi preocupación es que a medida que la situación empeore, y empeorará, la élite tiende a castigar a los inocentes y los débiles. Esta ha sido su respuesta hasta el momento, mucho más allá de lo que uno podría haber imaginado. Simplemente miren el esperpento en que se ha transformado nuestra querida España. La situación puede llegar a ser tal y acabar tan fuera de control que no descarten ustedes que algún día se empiecen a abrir juicios penales por “crímenes de guerra financieros”. La mayoría de estos individuos, además, no tienen vergüenza, abusan de los juramentos, y son maestros del engaño.
Así que probablemente el desarrollo y devenir de la actual dinámica, no sólo económica, sino también política y social, no terminará bien. Pero  terminará. Una vez más, lo irónico es que la verdad está saliendo a la luz, poco a poco, pero no en los medios de comunicación dominantes, que se están cubriendo de gloria.
El diseño del comienzo del desastre
Las élites económicas y políticas, tras una larga secuencia de raquíticos crecimientos económicos, diseñaron a mediados de los 90 una huida hacia adelante a través de una política monetaria excesivamente expansiva que conllevó el proceso de endeudamiento y la burbuja financiera más grande la historia. Además de sostener una expansión artificial de la demanda, que sorteó la caída de la tasa de ganancia del capital, permitió, sobre todo, la financiación de un gigantesco proceso de acumulación y adquisición de riquezas por todo el globo a favor de las grandes multinacionales.
Sin embargo, la desigual distribución de la renta, junto a los límites físicos y energéticos del planeta, abortaron el intento de fuga hacia delante que supuso la burbuja financiera, que incluso las elites tecnócratas financieras, valoraron peyorativamente: “la burbuja financiera, no fue sino una vía para sortear artificialmente los limites que la desequilibrada distribución de la riqueza en el mundo” (Strauss-Kahn, 2010).
Con la actual crisis sistémica las élites occidentales tratan de rediseñar una nueva política económica que eufemísticamente denominan austeridad fiscal expansiva, a través de la cual, y de espaldas a los poderes democráticos, quieren recuperar sus tasas de ganancia a costa de los ciudadanos.
Sin embargo, el equilibrio artificial que mantenía el status quo, a través de expansiones cuantitativas de los bancos centrales y el constante soporte para ofrecer liquidez sin límites, se está resquebrajando. Estamos, como expliqué en mi último blog, a las puertas de un nuevo paradigma, donde se “normalizará” el coste del capital y las primas de riesgo. Es decir, subirán los tipos de interés y caerán fuertemente los precios de los activos de riesgo. Hay dos razones básicas. En primer lugar, la sobrevaloración de la mayor parte de los activos, tanto los de riesgo como los que en su momento se denominaron seguros. En segundo lugar, la falta de ahorro global para reciclar en el futuro.
Este proceso ya ha empezado, primero en los mercados de materias primas y en los de los países emergentes, donde ha habido un fuerte incremento en los tipos de interés de la deuda y una notable depreciación de sus divisas; y a continuación en los mercados de riesgo occidentales. Frente a la opinión mayoritaria, los países que más sufrirán en el medio plazo serán curiosamente aquellos donde las élites financieras son dominantes, Estados Unidos y Reino Unido. Sencillamente habrá un momento en que no podrán refinanciar su ingente volumen de deuda, pública y privada; y comenzarán su particular descenso a los infiernos, su recesión de balances.
El último misterio de la crisis financiera
El pasado miércoles 19 de junio, el periodista Matt Taibbi, publicó una excelente pieza bajo el título “The Last Mystery of the Financial Crisis”, en español algo así como “El Último Misterio de la Crisis Financiera”. Mediante un nuevo hallazgo de documentos embarazosos explica cómo las agencias de calificación Moody’s y S&P ayudaron a expandir la crisis. En esos documentos, reunidos en las dos principales demandas judiciales contra las agencias de calificación, se detalla cómo en realidad constituyeron una desvergonzada herramienta para los bancos, dispuestos a dar a cualquier cosa una calificación alta a cambio de dinero.
La  función principal de estas agencias de calificación es la de ayudar a definir lo que es seguro para comprar, y lo que no lo es. Una calificación triple A según los propios informes de Moody's, sólo debería darse a aquellas compañías o países que “sobrevivirían a un escenario equivalente a la Gran Depresión.” Pero la realidad fue muy distinta.
La Comisión Investigadora de la Crisis Financiera descubrió que Moody’s entre 2000 y 2007 concedió a casi 45.000 títulos respaldados por hipotecas la calificación AAA. Durante un año, cada día, Moody’s repartía calificaciones AAA a un promedio de 30 valores respaldados por hipotecas, el 83 por ciento de los cuales fueron finalmente rebajadas. “Esta crisis no habría sido posible sin las Agencias de Calificación”, concluyó la Comisión.
La crisis financiera no es algo que acaba de suceder. Simplemente fue un fraude infame perpetrado durante un largo período de tiempo por los mayores bancos y sus facilitadores. Y muchos de ellos son cómplices por encubrimiento. Parafraseando a Franklin Delano Roosvelt, “los monopolios financieros y empresariales, una banca imprudente, y el sectarismo, han llegado a considerar al gobierno simplemente como un apéndice de sus propios asuntos. Ahora sabemos que el gobierno del dinero organizado es igual de peligroso que un gobierno del crimen organizado”. Todo esto,  les suena, ¿verdad? Pues ya es hora, como hizo FDR, de despojarnos de ello.

¡El daño que han ocasionado las Agencias de Calificación! a la economía en general y a ciertos países en particular... entre ellos Grecia, Portugal, España y los que seguirán. ¿Quién mueve sus hilos? ¿quién rige nuestros destinos?